lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 7

Capítulo 7: Alice


Hoy he tenido un sueño. He soñado con esa chica. ¿Por qué me preguntaría eso? Tal vez no debería haberle contestado así, al fin y al cabo ella me salvó ¿no? Pero me hizo recordar aquello por lo que huyo, aquello por lo que mi almohada se empapa de lágrimas cada noche, por lo que al recordar su imagen me tiemblan las manos. De pura rabia. Y ahora solo podía sentir asco por la persona a la que se lo había dado todo.

***

Música alta. ¿Música? Eso era un concepto demasiado impreciso, abstracto. Lo correcto sería decir que miles de sentimientos transformados en notas y acordes volaban sobre la habitación. Y él los respiraba, los sentía, no solo los escuchaba. Hoy, en concreto Los Beatles. Y eso era suficiente para él, con eso le bastaba. Sinceramente, la música era aquello que lo ayudaba a continuar. No podía imaginar una vida sin ella.
Cogió el cuaderno de letras de Tom y le echó un vistazo.

- ¿Qué hay de esta canción, no la vas a continuar?

- Toda tuya, Danny.

- Tú lo has querido.. -  y dicho esto, arrancó la página de una sola línea del cuaderno. - Esta canción ya es oficialmente mía.

***

Al terminar de hacer la maleta, Alice puso en marcha su destartalado coche rojo. Encendió la radio y después de cuatro horas de un aburrido viaje, salió del vehículo. Frente a sus narices se encontraba el hotel InterContinental, se adentró por las puertas automáticas y pulsó una campana dorada para que le atendiese un empleado

- Perdone, ¿podría decirme en qué planta se aloja Alma Cruz?

- Sí, un momento - tras una ligera pausa - En la 362.

- Muchas gracias.
Esperó paciente al ascensor y pulsó el botón que la llevaría a la tercera planta.

***

Por fin. Terminada. Cada coma y cada punto en su sitio, no podía haber quedado mejor. Un suspiro. Esa canción se la debía a Los Beatles.
Las tripas le rugieron. Decidió bajar a almorzar, pero antes guardó su preciada guitarra azul en la funda, en concreto una Gibson Les Paul. Preciosa. Después de ocho años, seguía intacta, sin ningun rasguño. Era el último recuerdo que tenía de su padre, antes de que.. Bueno, no importa. Su padre era un capullo. Era, es y siempre lo será. De repente se acordó de Vicky, su hermana mayor. No sabía nada de ella desde hacía aproximadamente un mes que fue su cumpleaños, cumplió veinte, dos más que él,  y la llamó por teléfono. Esta tarde la volvería a llamar, la verdad es que era la primera vez que pasaban tanto tiempo sin verse. La echaba de menos. Seguro que si se lo decía se metería con él, pero no le importaba. Era Vicky. Siempre Vicky.
Salió de la habitación sin más rodeos y esta vez cogió el ascensor.

***

El timbre de la puerta la sacó de sus pensamientos. Se levantó de un salto y Lyf se bajó de sus rodillas con un brinco. Se había olvidado de la pobre Lyf. Soltó un bufido en señal de su enfado y se dirigió a la cocina. Otro pitido le recordó que tenía que abrir la puerta. Hoy no era su día. La abrió con parsimonia y al ver de quien se trataba un leve rubor ascendió hacia sus mejillas. Era la primera vez que veía a Danny después de averiguar que era el propietario de esa perfecta voz. Llevaba una bonita camiseta a cuadros azul y unos vaqueros desgastados. Juraría que ya había visto esa camisa, le sentaba genial ese color, resaltaba con sus preciosos ojos. No podía dejar de mirarlos, estaba tan embobada que ni siquiera se fijo en la persona que había detrás de Danny, hasta que salió de su escondite. Ante ella apareció una chica menuda, de ondulado pelo castaño que le cubría toda la espalda. Ojos almendrados, que con la luz del sol parecían verdes. Uno de ellos, en concreto el izquierdo, se encontraba un poco hinchado y colorado.
No sabía cómo había podido estar tanto tiempo sin ella.

- A-ali... - antes de que pudiera continuar, se abalanzó sobre ella y se fundieron en un cálido abrazo. - Alice...

- Te he echado de menos - dijo como pudo, entre sollozos. Mientras tanto, Danny observaba la escena con una sonrisa. Se notaba que se hacían falta la una a la otra.

- Tu ojo... ¿Ha sido él?

- Shhh.. Todo a su tiempo

- Dime, ¿por qué has venido?

- No sé, necesitaba verte, no podía dejarte sola, así que cogí el coche y me dirigí hasta aquí. Sabía en qué
hotel estabas, pero no la habitación. Le pregunté a una chica, pero no sabía exactamente dónde se encontraba la 362 y cuando salí del ascensor me encontré a Danny - le sonrió - Le pregunté por tu habitación y se ofreció a acompañarme. - se deshicieron del abrazo.

- ¿Y a dónde ibas, Dan? - preguntó Alma

- Ah, pues bajaba a comer..

- Oh, lo siento. No sabía que tenías hambre, te he hecho esperar - se disculpó Alice.

- No pasa nada.. Eh.. - Alma notó que le temblaban las manos - ¿Queréis ir conmigo a una cafetería muy buena que conozco? Se lo podría decir a mi compañero y de paso os presento..

- No queremos molestar y además seguro que estás cansada, Alice.

- No, estoy bien.. Así de paso conozo mi nueva ciudad.

- ¿Te vas a quedar? - asintió - ¿En serio?

- Creí que traerme la maleta era una buena indirecta.. - Risas. La de Danny se distinguía entre las demás.
Ahora que estaba aquí Alice, veía las cosas más claras..

- Entonces todos contentos.. ¿Os paso a buscar en diez minutos? Si es que aguanto tanto sin comer..

- Está bien.. - el corazón le latía desbocadamente. Hoy iba a comer con Danny. Le sonrió. Poco a poco se acostumbraba a su increíble sonrisa y ya no sentía el impulso de desmayarse. Algo es algo. Aunque sus ojos,
jamás se acostumbraría a ellos..


¿Qué tal? Gracias por leer y por comentar <33

5 comentarios: