sábado, 30 de julio de 2011

Ocean Eyes: Capítulo 1

 Hola^^ Este es mi primer fic, y me gustaría saber que hago mal para poder corregirlo. Para mí es muy importante. Dejad comentarios please *^*.. Muchas gracias por todo :3


Capítulo 1: Interminable

Se disponía a cruzar la calle, cuando, de repente, se oyó un derrape. Gritos. Alma fue la primera en acudir al malherido conductor. En este caso, conductora. Una delicada figura yacía inconsciente en el asiento. A primera vista, se encontraba en perfecto estado. Se habría desmayado por la conmoción. Sus rubios rizos se ondeaban con el viento y sus hinchados ojos, todavía cerrados, dejaban ver que habían derramado lágrimas. La chica no tendría más de 22 años. Alma, que acababa de olvidar que tenía que hacer algo importante, llamó a emergencias e hizo un amago para sacarla del coche, pero pesaba demasiado para su débil cuerpo.
- No te muevas de aquí - susurró. Aunque le pareció una estupidez, ya que la chica estaba inconsciente. Se acercó al tipo más cercano y le pidió ayuda. Al sacar a la muchacha, el hombre se fue corriendo, excusándose de que tenía mejores cosas que hacer. - ¡Un poco de humanidad! - se lamentó Alma. ¿Era la única persona de Londres dispuesta a ayudar a esa pobre chica?
La rubia abrió los ojos y soltó una maldición. Se incorporó a la velocidad del rayo y se fue corriendo hacia el abollado coche.

- ¡Espera un momento! - Gritó alma.

- ¡Muchas gracias de verdad, pero me tengo que ir! - la chica se apresuró a abrir la puerta y arrancó el destartalado coche.

- ¡Espera! ¡Al menos dime como te llamas! - le pidió, pero la rubia melena ya no se distinguía entre la lejanía. Alma se quedó quieta, vislumbrando donde hace unos instantes la chica desapareció. Que estúpida se sentía. Sola, en medio de la carreterera. Ya le advirtieron que Londres no era para ella. Su primer día y ya se la habían jugado... Los pitidos de un coche la distrajeron de sus pensamientos. Se giró y vio un deportivo a pocos metros de ella. Cayó al suelo, mojándose en un sucio charco. Cerró los ojos con fuerza. Iba a morir. Penso en todo lo que se iba a perder, jamás se convertiría en la famosa compositora que deseaba ser, no encontraría el amor verdadero, ni siquiera le había dado tiempo a olvidar el aunténtico motivo que le había traido hasta aquí. Una lágrima se deslizó por su mejilla y esperó su final. Y siguió esperando... Ya habían pasado varios segundos. Y varios más. Finalmente se decidió a abrir uno de sus azules ojos. Un coche rojo se encontraba a varios palmos de su cabeza, pero quieto. Estaba viva. Y dando un salto, ignoró al preocupado conductor que se encontraba delante suya. ¡Estaba viva!

- Oh, no... - De pronto se acordó de que tenía algo que hacer. - ¡¡La entrevista!! - No se lo podía creer, lo había olvidado. Llegaba tarde al trabajo de su vida. Bueno, más bien a lo que le conduciría al trabajo de su vida. Se desplomó en el banco más cercano. Eran las once y media, hace diez minutos que debería de estar en la otra punta de la ciudad... Ya estaba todo perdido. Para colmo, había empezado a llover. - ¡¡Me da igual, ya estoy mojada!! ¡¡Si todo esto es una conspiración para joderme, lo estais haciendo de maravilla!! - la gente que pasaba a su alrededor, se reía de ella. Pasaron varios minutos y ella seguía empapada en el banco, inmóvil. Se quedó allí hasta que sus entumecidos músculos no pudieron soportar el frío, pese a que estaban en julio. Un chico de unos veinte años aproximadamente se le acercó.

- ¿Te encuentras bien?

- ¿Yo? - al ver que el chico asentia, añadió - ¡Fenómenal!

- ¿Seguro? Porque parece todo lo contrario...

- ¿Por qué me iba a encontrar mal? ¿Quizá porque he perdido la oportunidad de encontrar el trabajo de mi vida, casi me atropellan y me encuentro sola en esta inmensa ciudad? - respondió irónicamente. El chico le ofreció una cálida sonrisa y no pudo evitar corresponderle con otra. Se fijo de que tenía unos bonitos ojos verdes y que su melena morena le sentaba francamente bien. - ¿Alguna vez te han dicho que tu pelo es de lo más guay? - Se sintió aún más estúpida y sus mejillas se encienderon cuando el chico le volvió a sonreir.

- Pues no me lo suelen decir, pero gracias... - Se quedó mirándola un rato y añadió - ¡Estás empapada! - La protegió con su paraguas - Aunque dudo que a estas alturas te sirva de mucho... - y volvió a sonreír - Ahora que lo pienso, todavía no sé tu nombre.

- Alma, me llamo Alma.. Es un poco extraño, pero a mi me encanta. ¿Quieres pasar a mi casa a tomar algo? Esta aquí al lado..Eh.. - Se sorprendió a si misma con su ofrecimiento, pero este chico le daba buenas vibraciones.

- Matt.- completó - y me encantaría.. Oye, eres nueva aquí, ¿verdad? - Alma asintió- No mucha gente invita a completos desconocidos a su casa y te aconsejaría que no lo hicieras más - al ver la cara de Alma, prosiguió- solo por tu propia seguridad, pero en mí puedes confiar. - Mientras seguían hablando, se encaminaron hacia el hotel donde se alojaba. Cuando llegaron al ascensor, Alma pulsó el botón que les llevaría a la 3ª planta. Una vez allí, le sirvió una taza de té y Matt se percató de la guitarra acústica que había apoyada en el sofá - ¿Tocas la guitarra?

- Lo intento.

-Venga ya, seguro que lo haces muy bien. Tócame algo - Alma se ruborizó

- No.. Es que me da vergüenza.

- ¿Qué te da vergüenza? - le miró con cara de pocos amigos y finalmente accedió

- Está bien, pero no te rías... - Se colocó la guitarra entre sus rodillas, suspiró y una bonita melodía brotó de sus dedos, pocos segundos después, unas palabras salieron de su boca, acompañando la canción con su dulce voz:

Otra vez seguimos aquí.
En un punto muerto.
Algo sin retorno, sin salida..
Provocando desilusiones, lágrimas, dolor
En un río de mentiras.
Es interminable.
Puede que mi odio sea eterno,
pero tu tienes el corazón inerte.
Fui una ingenua,
pero prometo no serlo más
Ya no me duele pensar en ti,
porque todo se acabo
y no haré nada para evitarlo
¿Estás contento?
Ya puedo vivir si ti
Quizá ahora me encuentre sola,
pero tengo que pasar por esto para ser más fuerte
Aunque el dolor,
es interminable.

- Bueno, ¿qué te pare...? - No le dio tiempo a terminar su pregunta, ya que Matt había posado sus labios en los suyos, callándola. Y a Alma le pareció la mejor forma de silenciarla del mundo. Abrió sus ojos y se encontró con unos grandes ojos verdes, mirándola con pasión, le apartó un mechón del castaño y lacio cabello y sin despegarse de sus labios, le acarició la cara con ternura. En su interior, sus lenguas estaban sumidas a una placentera danza, bailando a cada dirección y dispuestas a hacerlo por siempre. Matt despegó sus labios e interrumpió lo que él había empezado - Lo siento, no quería hacerlo.. Me.. me tengo que ir.

- No, no te vayas - le suplicó Alma.

- Es que.. Tengo novia - Una punzada de dolor atravesó el corazón de Alma, rompiendo lo que quedaba de él en trozos minúsculos. Una lágrima cayó sobre su guitarra y para cuando abrió los ojos, Matt ya se había ido por la puerta. Y ella se encontraba más sola que nunca. Se desplomó sobre la cama, y aunque solo fuesen las una de la tarde, decidió dormirse para despertar de esa pesadilla... Pocos minutos después, una melodía que provenía de la habitación contigua le obligó a abrir los ojos y concentrarse en ella. Era  una canción preciosa, aunque el estribillo decía todo lo contrario a lo que ella sentía en ese momento: 'I'm not alone'. No llegaba a distinguir bien las voces, así que se pegó lo máximo que pudo a la pared que los separaban. No era suficiente. Abrió las ventanas de par en par y cruzó los dedos para que sus vecinos tuviesen las ventanas abiertas. Y así era. Unos preciosos acordes acompañados de una perfecta voz que ahora se distinguía a la perfección sonaban no muy lejos. Alma se desplomó en el suelo y ahí se quedó durante horas, admirando esa voz, que le hacía olvidar todo... Era como un analgésico. Poco después descubrió que otra voz distinta cantaba. Y sonaba diferente. Era una voz más dulce. Más suave. Le encantaba, pero la primera voz no paraba de dar vueltas en su mente.
Su gato Lyf, aterrizó sobre sus rodillas y ronroneando la sacó de su ensimismamiento. Cuando se quiso dar cuenta, ya había pasado la medianoche. Se dispuso a acostarse y se preguntó lo que le depararía el día siguiente de ese verano de 2003...

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